19 de noviembre de 2015

El público, García Lorca.



El Público, Federico García Lorca. Dirección, Àlex Rigola. Teatro de la Abadía. 
¡Hay que destruir el teatro o vivir en el teatro!” es la frase que cuelga sobre nuestras cabezas al entrar en el templo sagrado de la Abadía. Lorca presente. Cruzas el umbral y una melodía lejana suena en el interior, la tarara, mientras te sumerges en una retrospectiva de la creación, composición y presentación de “El Público” de fotografías, documentos y objetos del propio Lorca. El público comulga y se rinde a la exclamación que reza en una de las vitrinas: "Ahora el público quizás no esté preparado, pero dentro de 10 o 20 años seguro que esto va a ser un éxito”. Augurio en forma de tiras de papel plateado y el rostro de Federico omnipresente, con su sonrisa sempiterna, daba paso a un espectáculo en el que el público del teatro y de dentro del teatro fueran uno, preparados o no, visualmente alcanzamos una renovación magistral del texto, a sabiendas que no es un texto fácil, pero este desafío a destello plateado iba a ser un acierto. 
Es un viaje a la mente de Federico, un viaje extremo, estético y frugal, lleno de pulsiones sexuales, pura poesía convulsa y plena. 
Lorca creó la obra en una época difícil desde lo existencial a lo terrenal, su estado de ánimo afloraba la tristeza y una crisis sentimental posiblemente provocada por el desamor, del que vivía desde dentro, de las tripas al corazón. Todo ello sirvió para la mezcolanza surrealista de la obra de la que Rigola ejerce con maestría con dos elementos importantes homosexualidad y vida. 
Con los primeros acordes de trompeta, el espectador entra en un sueño que conecta con el mundo imaginario de Federico. La luz azul y la montaña de arena, marcará la intriga, que sumergidos en este “teatro bajo la arena” ondeará las pasiones, las batallas y las pulsiones sexuales del Lorca más vulnerable, más desnudo. 
Sobre el escenario, catorce actores, de los que algunos interpretarán varios personajes, todos maravillosos y muy embutidos en sus papeles, dando vida a los pensamientos, sueños, frustraciones y profundidades del autor. 
Àlex Rigola convierte un texto tan complicado en una exquisitez bella desde principio a fin, con un montaje al servicio de la palabra y del sueño que nuestro Federico nos hace necesario. Evoca magistralmente este lenguaje barroco en todos los sentidos, desde lo visual a lo sonoro, uniendo todas las artes plásticas, escénicas y musicales.
Fantastica la bailarina, Laila Durán. 
Anoche Federico brilló en su templo e hizo que su público reaccionara ante sus miedos con ese frío, reflejados en el espejo, tan vigente hoy en día.
Merece la pena reflejarse.

Dirección: Álex Rigola. Intérpretes: Nao Albet, Jesús Barranco, David Boceta, Juan Codina, Laia Durán, Irene Escolar, Pau Roca, Pep Tosar, Jorge Varandela, Nacho Vera y Guillermo Weickert. Teatro de La Abadía. Madrid. Del 28 de octubre al 29 de noviembre.
Má.



26 de junio de 2015

Sumisión





Sin duda este es uno de los títulos a tener en cuenta para las lecturas del verano.  Una novela que no va a dejarnos indiferentes porque invita cuando menos a una reflexión sobre la situación de las democracias europeas.  La novela transcurre en Francia, en un futuro próximo, durante las elecciones generales.  El protagonista, un profesor universitario de la Sorbona, es todo lo que no podemos imaginarnos (o sí) de un docente.  Se acuesta con demasiada frecuencia con alumnas, recurre al porno y a la prostitución cuando le falta lo primero, no es hábil en las relaciones de amistad.  Parece que Houellebecq ha querido mostrarnos los aspectos menos positivos (si es que tienen algo de positivos) del protagonista.  El contexto, como decía, se sitúa en las elecciones presidenciales en 2022, un momento tenso, en el que los partidos tradicionales han perdido su fuerza y Francia se divide entre la extrema derecha de Marine Le Pen y un partido denominado la Hermandad Musulmana, que desea instaurar un estado islámico en Francia.  Hay varios recursos que utiliza el autor para mostrarnos el turbulento panorama político francés, quizá por eso no destaca los valores positivos de los personajes y sí hace hincapié en los infortunios de estos.  Nuestro profesor universitario pierde su empleo en la Sorbona porque no se ha convertido al Islam, donde todos aquellos docentes que sí lo hacen gozan de numerosos privilegios.  Aún así, no puede considerarse que el libro vaya en contra de ninguna religión, porque ni siquiera es el tema.  No puedo descubrir más por no destripar la trama, que guarda una sorpresa final.  Pero basta insistir en la originalidad con que Houellebecq presenta una historia fresca, verosímil en muchos aspectos e inquietante (o increíble, si se me permite) en otros.

La novela está publicada en España por la Editorial Anagrama.


David P.

17 de junio de 2015

Poderosa, Antígona.


Poderosa, Antígona.

Llegó el día de disfrutar de la última tragedia que compone el “experimento” de tres dramaturgos; Sanzol, Lima y Del Arco, concebido como una apuesta por la investigación, reflexión, producción y exhibición del teatro contemporáneo. 
Miguel del Arco apuesta por una de las tragedias griegas más representadas y uno de los personajes del teatro universal más estudiados. Un texto libre sobre el de Sófocles donde prima una batalla dialéctica en la que los personajes se aferran a sus ideales casi ciegamente. Esta lucha de opiniones sigue siendo actual en nuestros tiempos, en un mundo dividido en bandos eternamente. 
A pesar de que Edipo Rey y Antígona tienen conexiones claras, no solo de autoría, sino también de trama, y de tratarse el Teatro de la Ciudad de un proyecto que podría ser visto como un ente global, lo cierto que un montaje de otro, el primero de Alfredo Sanzol y el segundo de Miguel del Arco, se encuentran en las antípodas uno del otro. 
Antígona de Miguel del Arco respeta la esencia del texto de Sófocles pero con una sonoridad rabiosamente contemporánea, no solo en los atuendos de los personajes, sino en la modificación del hecho de convertir a Creonte en una mujer, desde el momento en que Hemón se refiere a ella como “madre” varias veces, pero que en un principio adquiere el protagonista varón, algo que confunde por momentos al espectador. Ahí Del Arco no nos explica que Carmen Machi, es ella, una mujer, quien ha de asumir ahora la máxima autoridad de poder. Hay que reconocer que este cambio no parece nimio si lo analizamos: la feminidad de Creonte hace que pueda acercar posiciones con Antígona, es decir, poder hablar de igual a igual, aunque sea imposible el entendimiento y comprender el por qué de su ejecución autoritaria: es probable que sea la propia inseguridad de la mujer no acostumbrada al liderazgo en un mundo de hombres la que haga en este caso que Creonte se presente de forma hermética, y tome decisiones extremas desde una posición de presión que intenta disimular… sin olvidarnos del desenlace: sin duda el dolor de una madre  que ya ha perdido a varios hijos es mucho más efectivo y más hondo que el de un padre cabeza de estado. Todos estos detalles hacen que la versión de Del Arco presente una Creonte mucho más humana que otras veces, lo que sin duda ayuda al espectador a entender el conflicto.
La puesta en escena sobria, oscura, sombría, con un aire de ritual desde que entras en la sala, con todos los personajes de negro riguroso y tonos oscuros, se sirve de un espacio agónico, vacío y cerrado por un cortinaje presidido por una especie de zepelín esférico, simulando la tierra que portaba el pobre Atlas, donde proyectan imágenes augurando el final trágico, y del que se apoyan todo el gran trabajo actoral sometidos a una presión constante entre los horrores que viven y la tensión en cada una de su palabras, haciendo por momentos la escena irrespirable (magníficas Manuela Paso y Ángela Cremonte, Antígona e Ismene, respectivamente). La luz sugiere, a veces deslumbra lo que ocurre en escena, lo que cada personaje trata de ejecutar, vomitando toda la tensión  y miedos que se traduce en un estruendo vibrante y sacudida emocional al espectador, sobre todo por la creatividad de Miguel del Arco, del que hace de su versión libre un majestuoso viaje por la tragedia griega. Dos escenas para recordar y conservadas en mi retina de este estimulante montaje: la escena de Antígona en la gruta y posterior suicidio están magistralmente resueltas como dos grandes golpes de teatro, y los parlamentos de Ismene y Antígona como énfasis dramático y soberbiamente interpretado. Sobra la música de fondo, enlatada, que entorpece el camino sublime que lleva la obra. La escena final recuerda a mi amado Lorca en Bodas de Sangre, el sufrimiento de una madre por la muerte de su hijo en un alarido roto. 
En cuanto a los actores resaltar la interpretación de Antígona, Manuela Paso, una mujer que sufre, teme, y mantiene su templanza hasta el final. Poderosa.
Carmen Machi, no puedo borrar su personaje de una conocida serie de televisión y hace que afee el montaje, su expresión corporal y distante a veces lo consigue, pero ante la risa desproporcionada de algún despistado espectador me vuelve a la realidad irrisoria. Brava por acentuar la tiranía de su personaje y los choques con Antígona son magnéticos, pero no termina de convencerme. 
Ángela Cremonte, Ismene, aborda la emoción y la muestra desde las vísceras, desquiciada al borde del precipicio, enamorando al espectador. Formidable. 
Los personajes masculinos exquisitamente interpretados desde las esencias shakesperianas de Hamet y Otelo. 
A la salida nos quedamos sin palabras, convulsionados por el golpe de talento y teatro en estado puro. 

Hasta el 21 de Junio en Teatro de la Ciudad (Teatro de la Abadía). Madrid. 

Má.

4 de junio de 2015

Medea



Hipnótica Medea. 

Segunda tragedia en el Teatro de la ciudad (Teatro Abadía), MEDEA, versión libre de Andrés Lima sobre el texto de Séneca, y este extrajo sus tragedias del magnífico, Eurípides. Séneca nos muestra el comportamiento de los seres humanos ante situaciones de conflicto que nos vienen impuestas por la fatalidad. Se debe tener en cuenta que las obras de ambos autores distan mucho, una de la otra, por un cambio profundo en la historia de las dos culturas; la geopolítica en el Mediterráneo, desde las ciudades-estado al imperio romano; las metas de la civilización, centradas en la defensa patria y el culto de los dioses en el Egeo helénico y muy al revés, en Roma, en la consecución de una sociedad cosmopolita y la conquista de todo el "mare nostrum”, sin olvidar las artes, de una representación sublime de los hombres al retrato descarnadamente realista de sus facciones. 
Andres Lima nos presenta el texto como una sucesión de monólogos, especie de diálogo interior del personaje principal y su nodriza. Es para que nos entendamos, una tragedia “de cámara”, opuesta a la grandiosidad griega y reducida a su quid esencial. “De cámara” como algo exquisito a contemplar en un universo nuevo, lejos de lo heleno y enfocar una trasparente y desmedida Medea (muy distinta a la de Eurípides), en permanente cólera y sin ningún plan de acción, solo dispuesta a odiar como una ménade: primero, cederá a sus hijos para que vivan en palacio. Solo cuando comprenda que así sacia los deseos de Jasón, se echará atrás y los mantendrá consigo. Toda su furia se va a centrar entonces contra la familia real y se va a concentrar en el conjuro. Es cuando comprendemos su naturaleza original de hechicera, su ferocidad plenamente caucásica (esta vez, los niños serán aniquilados en escena) y la memoria que de ella queda en Occidente como paradigma del mal. 
Del montaje de Lima cabe destacar el texto limpio y preciso, salvo algunas imprecisiones del traductor Moreno Luque. Maravilloso el clima creado, sobrecogedor de la tragedia que se impone nada más comenzar cuando el espectador se impregna de la inquietud nada más entrar en la sala, por medio del claroscuro de la escena que acompaña las voces del inframundo del Coro.
No me gusta como recita Lima, en su papel de Corifeo el inicio de la cosmogonía de Hesiodo para acabar estableciendo el árbol familiar de nuestra Medea, no vocaliza, no se entiende por la música ambiental, no llegando a crear ese ambiente inmemorial que se va a mantener a lo largo de toda la tragedia por la presencia de la enorme Aitana, combinada sencillamente con la iluminación, vestuario y escenografía, dando al espectador la vivencia de otro mundo, el primigenio, el origen del caos. La Corifea y la nodriza contribuyen a ello, de negro riguroso ambas; la primera tocando un contrabajo con su soberbia y melodiosa voz, y la segunda, rodando por el suelo y los ojos en blanco, pendiente de su ama.

Medea interpretada exquisitamente por Aitana, con una fuerza desmesurada, caótica, dotada de un cierto hieratismo para el teatro, una voluntad y un buen hacer por su parte que hipnotiza desde su soliloquio principal, volviéndose una iracunda al espectador provocando desde la emoción hasta la lágrima. La escena del conjuro, punto álgido de toda la tragedia, ella queda expuesta sin artificios, llena de ira y entregada a una Yincana ritual cubierta de extractos de serpiente, hierbas y plumas. Magistral su expresión corporal, su recital de voz. De su pareja, el director, Andrés Lima, representa al Corifeo, Jasón y Creón, que es devorado sin remilgos por su compañera Medea. Basta ya de la economía escénica de personajes porque es triste los personajes masculinos, ya que Lima se condensa  embutido en ese cuerpo enorme los tres papeles, pero pequeños en escena. Discutible es su trabajo actoral, porque tanto su voz como su presencia en escena es la manera habitual de un presentador de un talkshow, no adecuados a estos personajes trágicos, por eso afea el espectáculo y rompe el equilibrio del mismo. Además es importante destacar un error garrafal, ¿Cómo puede un ente masculino, participar siquiera en el aquelarre de las brujas? Creo que eso debía ser respetado en el clásico, porque los aquelarres son para las brujas, el macho cabrío se limitaba a estar escondido como mero espectador. Es mejor director que actor: al César lo que es del César. Gracias a las féminas la obra crece a medida que se desarrolla. Desde ahora Aitana es Medea (de Séneca) y Medea es Aitana, encerrada en mi retina, como otras grandes de la escena española. Por fin un papel para lucirte, un bombón agridulce para hacer disfrutar al espectador y dejarle hipnótico. Corran a verla y entenderán el dolor de esta inmensa Medea.  

Hasta el 21 de Junio. Teatro de Abadia. Madrid. 


Má.

11 de mayo de 2015

Edipo Rey, Sófocles.





Bajo el nombre Teatro de la Ciudad, tres dramaturgos reinventan la tragedia grecolatina; Un montaje de creación colectiva, Lima, del Arco y Sanzol experimentan, investigan, reflexionan, producen y exhiben desde las entrañas un tipo de teatro contemporáneo. 
Sanzol recrea la tragedia de Sófocles a una manera extraña; sentados frente al público ante una mesa cubierta de un mantel, a lo “última cena” donde lo único que servían era agua, un agua para apurar esas gargantas secas del mascullar las palabras del texto. Reproducen un texto, acabada la sobremesa de ese halo familiar, donde cada uno escupe a su modo su historia. Los actores intervienen atropelladamente, son planos, sin vida, como si cogieran la tragedia por los pelos, sin pulir, sin apenas entender lo que declamaban, es como una lectura de corrido en cuanto se la saben de memoria, la sueltan, dirigiéndose unos a otros, poco creíbles en discusiones, sin hacer sentir esa tensión al espectador. No crean un dolor, tampoco tristeza, las emociones se las dejaron en el asiento donde interpretaban sui generis a un Edipo pequeño arrimado a una mesa sin un gesto sentido. Los acontecimientos se suceden y se engarzan por cuenta del espectador, un ejercicio difícil si no sabes nada de la obra. Desgranan los sucesos como si se tratase de una serie inconexa de oráculos divinos y acciones, durante una hora, sin levantarse de la silla, sin dejar de cenar, sin apenas mirarse… Todo el elenco permanece en la mesa durante toda la representación –estén sus personajes en escena o no-, y la implicación dramática en lo que se cuenta es mínima: hay intención en el decir, pero ni miradas ni apenas movimientos. Transcurre toda una función en la que el espectador deberá centrarse en la palabra para seguir la función con atención. Es una opción arriesgada, peligrosa e inesperada. Todo es básico y minimalista en este montaje. 

Yocasta (Eva Trancón) decepciona, se traba en su discurso, no hurga en nuestra emoción. Edipo (Juan Antonio Lumbreras) es simple, carece de fuerza y se diluye en un fondo negro de la escena. Tiresias (Elena González) representado por una mujer que no emerge en el texto y sin mostrar una acritud ante el rey, una indicación al espectador de que este personaje era ciego, pero ella en escena elabora ramos de flores. Creonte (Paco Déniz) no se hace imponer su presencia escénica. El corifeo y los coros sin reseña en la escena, tan solo un cambio de registro actoral que apenas se intuye. Mal resuelta porque debe ser visto como un ejercicio de trabajo de texto, ya que provoca que veamos una tragedia griega a gran distancia emocional. Porque ni siquiera los actores levantan este complejo espectáculo. 

Má.

12 de abril de 2015

PRIDE


PRIDE.


Pride es la historia de cómo dos mundos aparentemente opuestos terminan uniéndose en la lucha por una causa común.  El filme se desarrolla en el contexto histórico de la Gran Bretaña de los años ochenta, concretamente entre 1984 y 1985, mientras Margaret Thatcher ocupa el cargo de primera ministra.  Durante esos meses, el sindicato de mineros ha convocado una larga huelga que les deja en una situación económica lamentable.  Unos jóvenes gays y lesbianas emprenden una campaña para recaudar fondos y así ayudar a los mineros.  Ese es el desencadenante de la película.  Con esa iniciativa los jóvenes además de ayudar a los mineros logran dar mayor visibilidad a una comunidad cuyos derechos en esa década estaban en una situación de desamparo absoluto.  Pero no será un camino de rosas.  En el filme, los habitantes de la pequeña población minera situada en Gales son el reflejo de los prejuicios que la sociedad británica tiene contra la diversidad sexual.

Las críticas que la cinta ha recibido de la prensa británica son más que positivas.  Amena, divertida y conmovedora, en mi opinión totalmente recomendable.  La genial Imelda Stauton y el joven Ben Schnetzer entre otras estrellas componen un elenco muy acertado.  ¡Todos al cine!


David P.

6 de abril de 2015

definitivamente


definitivamente



Acoplé mis labios entre tu lengua y saboreé por un momento el aliento de lo más profundo de tu ser. Creí revivir en tan solo un segundo mi salvamento en esta tarde fría. En mi boca se hizo el silencio. 


Má.


28 de marzo de 2015

Crítica "RELATOS SALVAJES"

"RELATOS SALVAJES" de Damián Szifrón. El film presenta seis relatos y todos tienen como mecanismo una bomba de relojería, en diferentes actos o acciones de la vida humana. Es jodidamente magistral; un guión sublime, unos actores engrasados para hacer estallar ese artefacto y sorprender en más de una ocasión al atónito espectador. Este se sentirá enseguida identificado con alguna situación, y qué es la vida, sino un pasaje inverosímil y llena de casualidades. 
Esas casualidades convertidas en odio, pasión, rencor, amor, desamor, envidia, deseo, rabia... Todo ello milimitrado para en su conjunto exponer de modo brillante y con el infalible anzuelo de lo gracioso, con un toque de mala leche y sobre todo talento. Deslumbra en cada plano y en una estructura lineal marcando una maldad oscura.
Un reparto de lujo: Ricardo Darín, Darío Grandinetti, Leonardo Sbaraglia, Érica Rivas, Oscar Martínez, Rita Cortese, Julieta Zylberberg, Osmar Núñez, Nancy Dupláa, Germán de Silva, María Marull, Marcelo Pozzi, Diego Gentile, María Onetto...
No se la pierdan, porque ¿quién no ha sentido alguna vez en su vida un Flash salvaje contra el prójimo? Ven y cuenten...
Ah! la produce el deseo...


Má.

25 de marzo de 2015

Soltando lastre...

Y cada tarde seguía pensando en él, evocando el inverno anterior, hasta que decidió que el amargo regusto del pasado no le dejaba saborear el presente.  Fue entonces cuando supo que era libre.


DavidP

22 de marzo de 2015

Instante


  • - He estado en muchos momentos en escribirte y no me he atrevido. Conservo tu número.
    - ¿No te atreves a escribirme?
    - Y tu dirección y cuando paso por la calle donde vivías me obligo a pasar por tu portal. La cantidad de veces que me he ocultado en la noche y bajo tu cuerpo. No, no me atrevo a escribirte...
    - Tienes un lugar entre mis afectos. 
    - Pues tengo esa sensación siempre.
    - Recuerdo el calor de tu pecho y ese hueco de tu abrazo, ese que dejaba en la madrugada entre las sábanas deshechas. Tu olor impregnado en mi piel.
    - Calla, y contesta, ¿cómo estás?
    - Te he querido mucho.
    - Eludes. Hablas en pasado.
    - Eres lo mejor que me traje en mis recuerdos.
    - Contesta y dime cómo estás.
    - Estoy casi bien.
    - Quiero verte y cerrar el círculo.
    - ...

    Má.

16 de marzo de 2015

"La Ola" Crítica de teatro

Critica de “La Ola” Teatro Valle-Inclán. CDN.
Experimento, realidad y ficción se conjugan perfectamente en la obra “La Ola”: una dramatización del caso real ocurrido en 1967 por Ron Jones, un profesor de historia que decide llevar sus enseñanzas hasta las últimas consecuencias, haciendo que sus alumnos de secundaria viviesen en sus propias carnes la experiencia de un régimen totalitario como algo real. Crea en su clase “la Tercera Ola”, una especia de sociedad secreta que al principio será como un juego para los chavales involucrados al máximo, poniendo en jaque su manera de entender el mundo. Lo que arranca con un juego, un actividad de clase, va derivando en una suerte de catarsis obsesiva por los muchachos provocando que el experimento de la Tercera Ola acabase traspasando y trascendiendo fuera de las aulas, y con ello, un conflicto personal para los alumnos. 
Llama la atención la facilidad con que los chicos ponen en juego sus emociones y su dignidad con tal de que el experimento prospere con dos mecanismos clave: Sr. Jones como líder y el propio instituto como entidad. 
Según iba desmarañando la madeja de la trama me venía varias reflexiones acerca del tema; dejando aparte el fenómeno fascista, me preocupaba más la capacidad de embaucar, dominar y anular pensamientos, mediante meros lavados de conciencia a través del lenguaje, tema de profunda actualidad con los medios de comunicación y la publicidad, sin olvidar la iglesia… En definitiva el docente es un falso predicador que genera un movimiento para manejar a su antojo los actos y las mentes de sus alumnos, alienarlos y conseguir que esa porción de masa pueda llegar a desequilibrar al conjunto de la sociedad. Por eso, un tema fascinante, y siempre actual, aunque concluya en una formación política. Fenómeno ligado al aula y a la vida diaria. 
Este espectáculo tiene una doble virtud extraordinaria: el espacio para la reflexión y dotar de teatralidad, de pulso y de ritmo algo tan real.
El texto de García May lo hace posible, sin perder un fin último, la de la función teatral: un climax perfectamente medido y la temperatura dramática va en ascenso constante hasta hacer disparar el nudo en la garganta en el espectador y golpearlo sabiamente en su conciencia. ¡Bravísimo!
Acertado es el estereotipo de alumnado de la Norteamérica de los años 60, perfectamente reconocibles hacen más digerible la trama. 
Lo que resiente la obra es la excesiva duración, dos horas y media con intermedio, es mucho tiempo para la historia que hay que contar, que sumerge al espectador, sobre todo al principio en el tedio más profundo. La segunda parte toma un ritmo, un pulso y un sentido de la tensión dramática que no están logrados en la primera, de perfecta fuerza teatral, por ejemplo el discurso de Jones a Norman, el alumno negro o la preparación de la conferencia en el auditorio del instituto. Todo ello mejor condensado hubiera dado lugar a una obra mucho más brillante.
Magnífica la escenografía obra de Jon Berrondo que ofrece una curiosa disposición en dos planos, el aula y el exterior del aula, creando un espectáculo dinámico, bien organizado; efectos sonoros, audiovisuales… etc.  
De la interpretación de los ocho intérpretes  hay que destacar la formidable construcción que del profesor Ron Jones hace un Xavi Mira que sabe dibujar perfectamente la evolución del personaje que va desde el “profe enrollado” del comienzo hasta el tirano en el que se va convirtiendo conforme la función avanza. Lo hace magistralmente, sobrado de recursos. Entre el grupo de alumnos –todos, por supuesto, sacados de la cantera-escuela de la televisión, con edades que superan claramente las de sus personajes, algo tan típico en la ficción española…- hay que destacar el buen hacer general; aún cuando ellas –estupendas cada una en su estilo Carolina Herrera, Helena Lanza y Alba Ribas- se luzcan más que ellos –Javier Ballesteros, David Carrillo, Jimmy Castro e Ignacio Jiménez- ya sea por mejores capacidades actorales o sencillamente por abordar personajes más agradecidos; moviéndose todos como conjunto siempre en una línea media de notable, sincronizados a la perfección, aunque alguna vocalización necesite mejorar (NM). 
Es una propuesta interesante que colmó de aplausos por un público entregado, afortunadamente no caí en el rompeolas, y me dejé arrastrar a buen puerto. Naveguen a toda vela que está en cartel hasta el 22 de Marzo. 

Má. 






12 de marzo de 2015

...

La muchacha miraba de soslayo hacia el horizonte y pensaba en él con la mirada llorosa, la sonrisa desdibujada.  Una brisa que cobraba fuerza se llevaba los pétalos que ella, con dedos temblorosos había ido deshojando al ritmo del sí y del no.


8 de marzo de 2015

SIN TÍTULO...

Todos los días, a partir de las cinco de la tarde, excepto los fines de semana, el trasiego de gente entrando y saliendo en la pensión Milagros es monumental.  Ni siquiera el ruido casi monótono que trepa por la fachada y a través de la desgastada escalera del portal número 19 de la calle del Humilladero consigue destronar al timbre del tercero izquierda.  Una mezcla de olores varios destilados en alcantarillas, en abrigos de paño mojados, en ropas y pieles impregnadas de agua de colonia y de loción varonil, compite con el incesante alboroto de puertas, timbres, conversaciones a media voz, con el griterío de amantes en su particular campo de batalla.  Hoy es un día cualquiera.  Milagros pasa la fregona en el recibidor, abre la puerta, saluda y se dispone a fregar de nuevo la pequeña estancia.  Se detiene al constatar que trabaja en balde y se dirige al lugar más preciado de su casa, a dos pasos del pequeño mostrador de madera quejumbrosa.  Abre el mueble bar y sonríe como si hubiera descubierto un tesoro.  Milagros González, ni alta ni baja, ni gorda ni flaca.  Peinada a la moda, pelo cardado y teñido de un rubio panocha, derrocha rímel por debajo de los párpados inferiores y por el lagrimal; se plantó un día en los cincuenta y dijo que ella ya no cumplía más.  Había trabajado en todo, y cuando dice en todo lo recalca muy bien, pronunciando cada sílaba como si pretendiera parar el tiempo en ese momento.  En todo.  Suena el timbre, guarda la botella que estaba a punto de abrir, abre la puerta al compás de la música de sus múltiples pulseras y frunce el ceño al comprobar que se trata de su hermana Pepi.
¿qué haces aquí?
– Venir a verte, hermana. – dijo ajustándose la chaqueta.  –Y de paso a ver si necesitabas que te trajera algo de la calle, voy a bajar ahora.
Pepi es la sombra de Milagros.  Vive en el tercero derecha y le tiene tanta devoción a su hermana como a la Virgen de la Paloma.  Milagros la trata casi siempre con displicencia.  Casi siempre, menos cuando necesita hacer del piso de su hermana una extensión natural de su negocio.
– Bájate a por una botella de Bombay.
– Mira que no te sienta nada bien, que te lo tengo dicho, que...Sin darle tiempo a terminar, Milagros cierra la puerta de golpe.

El portazo coincide con precisión matemática, con el que da Elena al salir de la primera habitación que hay a la derecha del pasillo.  Elena, ni guapa ni fea, ni rubia o morena.

El impostor

En las últimas semanas  ha caído en mis manos un libro que contiene, ni más ni menos, la historia de un personaje de ficción que saltó a la realidad.  Una persona con la farsa tan interiorizada que logró crear una vida contigua a la suya y convertirse en una especie de superhéroe.  Se trata de Enric Marco, el hombre que nos convenció a todos con el relato de su cautiverio en un campo de concentración nazi, que nunca jamás ocurrió.  Un individuo tan manipulador que convenció a la mayor parte de los que sobrevivieron a esa barbarie, no solo de que estuvo allí sino también de ser un miembro activo de la resistencia.  Marco fue desenmascarado en 2005 por las investigaciones hechas por el historiador Benito Bermejo. 

Javier Cercas nos va desvelando los entresijos del relato de Marco, cómo va tejiendo su historia, una mentira condimentada a base de pequeñas verdades, que son la estructura que hace que se sostenga su particular relato.  El autor nos hace partícipes de todo el proceso de gestación del libro.  Así, este libro es un libro de no ficción que pero está lleno de ficción.  Un valioso documento sobre la capacidad que tiene el ser humano de autoengañarse y de engañar a los demás.  Me pregunto qué puede llevar a una persona a mentir sin pudor alguno sobre todos los aspectos de su vida.  Sobre todos, porque, el señor Enric Marco, superhéroe antifascista donde los haya, llega a fechar su nacimiento un 14 de abril.


Aun así, no se trata de un documento absolutamente ignominioso para el farsante Marcos y al acabar su lectura parece concedérsele cierta dignidad.  Un libro, en definitiva, con el que uno no deja de asombrarse a cada página.

Sobre nosotros


Nos conocimos una tarde de primavera. Allá por el año 2014. Mientras escuchábamos la realidad de las palabras decidimos sellar la amistad entre confidencias, risas, preocupaciones y alguna que otra regañina... Nos mueve las mismas inquietudes y nos hormonan las mismas cosas. Defensores de causas perdidas. Habladores. Almas gemelas cabalgando juntos en este camino, indefensos frente al acecho de la locura. Así somos, tan difíciles ser nosotros mismos, o ¡Es tan difícil ser yo! que nos cambiamos uno por el otro y el otro por el uno. A veces unos cielos, a veces, tentados por los de abajo pero, simplemente celículas. Queremos llenar nuestro rincón de terrícolas que nos ofrezcan un trocito de su parcela. Disfrutad, aquí tiene cabida todos los géneros.

Este es nuestro blog más personal, es un pedazo de nuestro mundo dividido en diferentes estancias:
Remedios contra la gravedad es nuestro salón de estar, son relatos que hemos creado a dos manos, a dos ideas que fluyen en un misma página en blanco...
En corto con tan solo 200 caracteres evocaremos una imagen, un pensamiento, una locura, son microrelatos que harán pensar a las mentes más inquietas... 
A solas mientras... serán relatos de una habitación propia, ahí a solas cerraremos nuestras alcobas para escribir en solitario, y sentir ese momento de soledad... 
Adivina quien viene esta noche... cada mes invitaremos a cualquier seguidor o cualquier persona a escribir con nosotros un relato, será nuestra tea party...
Misceláneas es nuestra visión más crítica sobre eventos culturales; exposiciones, obras de teatro, libros, películas... desde nuestra pluma más deslenguada...


Bienvenidos

El tren que no tomé


El último vagón del tren se me hacía cada vez más pequeño, bajo la tenue luz crepuscular.  Mi oportunidad viajaba en ese último vagón y parecía saludarme.  Era como la caída de un telón, un final sin consuelo.