24 de enero de 2016

Insolación, latitudes de amor...



INSOLACIÓN. TEATRO MARÍA GUERRERO. 
No las tenía conmigo de ver un buen espectáculo ayer, solo me avalaba el texto de Emilia, poderoso, coetáneo a su tiempo, ferviente, y lleno de reivindicación. 
El María Guerrero se vistió decimonómico, elegante y con un sol radiante, de esos que ciegan y emergen en una tremenda alegría, porque según la Duquesa de Sahagún la culpa es del sol que nos da la vida…  
Insolación es una adaptación teatral de la novela homónima de Emilia Pardo Bazán, gran trabajo de Pedro Villora y Luis Luque, escritor y director respectivamente. Una historia de amor, rompedora en su tiempo, un mensaje enmarcado en preguntas de esas que nos permiten soñar, acercarnos a ese hormigueo de estómago y a esa ilusión desbocada, y sobre todo un mensaje que sigue vigente hoy más que nunca. Su protagonista, Francisca de Asís Taboada, probablemente Doña Emilia hubiera querido transparentarse en el perfil de la joven viuda, es un ejemplo de modernidad en aquellos años. El papel que atribuye a la mujer, sobre todo en el ámbito emocional, es muy atrevido, teniendo en cuenta la situación de postración y pasividad a la que estaban sometidas las mujeres de la España aristócrata de finales de siglo XIX.
En este contexto histórico, la figura de la condesa viuda, enfrentada al galán andaluz que la cautiva con su “labia” y sus requiebros amorosos, y que acaba afrontando con valentía y decisión los dictados de su corazón, es todo un referente de las mujeres que abrieron un camino difícil y sinuoso que ha ido encaminado hacia una incipiente liberación femenina, hoy por hoy irreversible.
La escena del beso prolongado, de esos besos que calan, creíbles, enamorado, de la condesa y el galán andaluz es una muestra de la tesis que expone Pardo Bazán en su obra, reivindicando y realzando la figura de la mujer libre.
He de confesar que las féminas me han conquistado magistralmente, los prejuicios me socavaban en un miedo atroz; María Adánez es una Francisca de Asís deliciosa, firme y recatada, siempre con el qué dirán, hasta que atisba lo que le está vetado por los corsés sociales que junto con Pacheco, José Manuel Poga, señorito andaluz enamorado, locuaz, que imprime la caricatura magistralmente arrancando la carcajada. Una pareja para recordar. 
Pero la sorpresa facunda ha sido la otra fémina, Pepa Rus, desterrada por sus papeles televisivos, en las tablas se muestra altiva, graciosa y eficaz en su triple papel de duquesa, criada y ventera.   
Todo funciona muy bien en escena en un montaje carente de escenografía pero maravillosa en texto e interpretación, con escenas inolvidables como la euforia alcohólica y amorosa durante el baile en la Pradera de San Isidro, o los graciosos parlamentos entre criada y señora. 
En algunos momentos, como aspecto negativo, la limitación de las escenas que  perdíamos a los personajes  porque no se sabe dónde se situaban, si llegan o se van, o esperan, dentro o fuera de la casa. A la postre, la Pardo Bazán, cuyos personajes conversan sobre los roles de hombres y mujeres y el doble rasero para juzgar a unos y otras, apuesta por la libertad femenina en lo social y lo moral al mismo nivel que la de los varones.  Este elenco de actores ayudan a que la moraleja del relato sea entendible y cercana, consigue su propósito, ser una historia creíble y bella capaz de transmitir los comienzos de las conquistas de las mujeres a lo largo de la historia. Bravo por Luis Luque y Pedro Villora por llenarnos de Luz con este tremendo y cercano Sol. 

Teatro María Guerrero. Madrid. Hasta 25 de Enero.

Má.