De algún tiempo a esta parte, Max Aub.
La sala Margarita Xirgu del Teatro Español acoge esta propuesta hermosa y exquisita del teatro testimonial de Max Aub.
Al entrar, el espectador se sumerge en una podredumbre; la penumbra, los olores y sonidos afinan nuestros sentidos.
Un techo circular fragmentado lleno de goteras, un suelo pavimentado y roto da la sensación de no haber nada, un abismo contra el olvido.
“Tengo las manos agarrotadas; las puedo mirar como si no fuesen mías, rojas, oscuras. Y yo estudié, mi título estaba en un marco de caoba… Era en la otra vida”; Así comienza la angustiosa existencia de una mujer en la Viena de 1938, cuando Austria se anexiona a la Alemania nazi en los destellos del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Emma demuestra coraje y adquiere un gran sentido del riesgo por la privación de su identidad personal, situada en el umbral de los conflictos que arrasaron Europa en esos años.
Emma sufre, sufre un estado de opresión e injusticia, por su fuerte vinculación entre España y Viena, a través de dos muertes, su hijo y su marido. Ese sufrimiento sumergido en un alma rota que debe aprender a vivir y hacerse sitio en una nueva situación, una nueva vida.
Es uno de los mejores monólogos escritos del siglo XX; un texto impecable, fuerte, desgarrador, impactante, estremecedor y profundamente humano.
Emma recoge toda la crudeza de la guerra, su desgracia personificada en dos muertes, la del marido en manos de los nazis y su hijo Samuel, asesinado por un grupo antifascista. Su vida se trunca, dando un giro inverso, de ser una burguesa acomodada, a una mujer marcada, marginada y sin ningún valor social. Esas circunstancias tan adversas la obligan a convertirse en mujer de la limpieza del propio edificio donde ella vivía, porque los nazis la expropian su casa. Es curioso que Emma no muestre odio ante tanta injusticia y horror, a lo único que se aferra desesperadamente es a los recuerdos, momentos y vivencias que dieron sentido a su vida, por lo tanto aspira a sobrevivir. La reflexión en este magnífico texto viene de la mano de la barbarie que no es patrimonio de unos o de otros, los fascistas y los antifascistas; Max Aub afirma que el horror es de una sola ideología, escritor incomprendido y vilipendiado por la derecha y la izquierda de nuestro país.
En los momentos duros, el ser humano se refugia en su fe, Emma es católica y de ascendencia judía, circunstancia que repite en momentos de su parlamento; esta creencia en un Dios, no le sirve para dar rienda suelta a la rabia contenida en lo más profundo de su ser, y ese dolor es el que le ayuda a vivir.
Nicolás Bueno firma la acertada escenografía. Juanjo Llorens, iluminación y sonido, dos elementos que ayudan al personaje de Emma a dar mayor intensidad al montaje como si de una cámara cinematográfica se tratara. la luz enfoca a Emma de varias maneras, rodeándola, alejándola o aproximándola.
Dirige Ignacio Garcia de modo cinematográfico, encuadrando las escenas con un trabajo admirable de luz y sonido, que hace que Carmen Conesa se convierta en una gran dama de la escena, porque el espectador sufrirá como ella. Una soberbia interpretación, llevando el destino del individuo a la destrucción, aniquilado por los tsunami de la historia. Su valor es su resistencia, su dignidad servirá para construir el futuro a través de su memoria.
El trio Aub, García y Conesa conforman una obra maravillosa, imprescindible para el entusiasta del teatro, porque su confesión y posterior reflexión nos dolerá y picará en la butaca como los sabañones y piojos a Emma.
Má.

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